La evidencia histórica habla con voz clara sobre la relación entre la libertad política y el libre mercado. No conozco ejemplo en ningún tiempo o lugar de una sociedad que haya tenido una amplia libertad política y que no haya tenido algo comparable al libre mercado para organizar la mayoría de su actividad económica

Milton Friedman – “Capitalismo y Libertad”

El control económico no es meramente el control de un sector de la vida humana que se pueda separar del resto: Es el control de los medios para todos nuestros fines.

Friedrich Hayek – “Camino de Servidumbre”

El colapso total de la creencia en el logro de la libertad y la igualdad a través del marxismo ha forzado a Rusia a seguir el mismo camino hacia una sociedad totalitaria, puramente negativa y no económica de opresión y desigualdad que Alemania ha seguido. No es que el comunismo y el fascismo sean lo mismo. El fascismo es la etapa que se luego que el comunismo ha probado ser una ilusión, y ha probado ser una ilusión tanto en la Rusia estalinista como en la Alemania pre-hitleriana.

Peter Drucker – “El fin del hombre económico”

Entre nosotros y los comunistas no hay afinidades políticas, pero sí intelectuales. Como ustedes, nosotros consideramos necesario un estado centralizado y unitario que imponga una disciplina férrea a todas las personas, con una diferencia: que ustedes llegan a esta conclusión a través del concepto de clase, y nosotros a través del concepto de nación.

Benito Mussolini – Discurso dirigido a los comunistas en la Cámara de Diputados en 1921, antes de tomar el poder

En su libro “Camino de Servidumbre” (1944), Friedrich Hayek demostró que el socialismo, entendido como la planificación central de la economía y la asignación de los recursos de la sociedad como un todo a ciertas actividades y de acuerdo a unos objetivos centralmente establecidos, es incompatible con la libertad.

Toda la experiencia del siglo XX y de lo que va del XXI confirma la tesis de Hayek. Los gobiernos que recurrieron a la planificación central, bien sea en la modalidad comunista (monopolio estatal de los medios de producción) o en la modalidad fascista (modelo ‘corporativista’ – monopolios con capital privado protegidos por el estado), terminaron recurriendo a la represión de los derechos políticos y civiles, y resultaron en la implantación de sistemas totalitarios.

Tal es la evidencia de que la planificación central de la economía es perniciosa, que incluso partidos llamados ‘socialistas’, tanto en Europa Occidental como en América Latina, han abrazado la economía de mercado y la libertad económica como mecanismo para crear valor. En otras palabras, estos partidos ‘socialistas’ han renunciado al socialismo, que en su concepción original implica el control estatal o colectivo de los medios de producción, reteniendo únicamente los ideales de igualdad y justicia social usualmente asociados a los movimientos de izquierda. O, dicho de otra forma, el socialismo ha desaparecido para dar paso a la socialdemocracia.

Por lo tanto, esta discusión parecería meramente académica si no fuese que en nuestro país se estuviese implantando un ‘socialismo del siglo XXI’ que, aunque aún no está claramente definido, sí es claramente anticapitalista y antimercado, tal como lo indican los controles, nacionalizaciones, y constantes amenazas de expropiación que enfrentan los empresarios.

Dos razones fundamentales permiten concluir que el control económico central es incompatible con la libertad y por lo tanto conduce al totalitarismo:
 

El control económico central limita nuestra libertad como consumidores, y esa falta de libertad afecta todos los objetivos de la vida. Al decidir y controlar la cantidad de cada bien que se produce y está disponible para intercambio en la sociedad, el estado controla que se consume y qué no se consume. Y como todas las actividades humanas, incluyendo las relacionadas con la libertad de expresión, implican el consumo de un bien o servicio, este control al consumo es en realidad un control sobre toda actividad humana. Por ejemplo, si el estado no quiere que las ideas del pensador X o de la tendencia Y no sean conocidas por la población, sólo tiene que negarle los recursos destinados a su publicación, sean éstos recursos dólares para importar papel periódico (como ocurrió en el gobierno de Lusinchi), o la renovación de la concesión de uso de la señal radioeléctrica.

El control económico central limita nuestra libertad como trabajadores, y nos obliga a someternos y plegarnos a los puntos de vista del estado si es que queremos trabajar. En una sociedad en la que el estado controla toda la producción, el estado decide quien trabaja y quien no, pues o es el único o el más importante empleador, con lo cual puede sostener un poder abusivo sobre los trabajadores (obligándolos, como es el caso de Venezuela, a participar en proselitismo político pro-gubernamental), o si no, es el único o el más importante comprador de todos los productores nacionales, con lo cual puede presionar a los productores nacionales para que contraten o dejen de contratar personas específicas (como pasa con los proveedores de la industria petrolera, por ejemplo). Este control sobre el empleo de las personas resulta en un control sobre sus actitudes y filiaciones políticas. Efectivamente, en las economías centralmente planificadas, el viejo principio capitalista ‘quien no trabaja no come’ es reemplazado por un principio nuevo y mucho más terrible: ‘quien no obedece al estado no come’

Quien lea los párrafos anteriores reconocerá que la experiencia venezolana confirma estos argumentos, no sólo cuando nos referimos al gobierno actual, sino al referirnos a gobiernos pasados. De hecho, la experiencia venezolana valida el argumento de Hayek de que el control económico central sólo se puede sostener mediante una limitación de las libertades cada vez más grande. Así, la planificación central adeco-copeyana, que limitaba la libertad de productores mediante la negación de permisos y dólares para la importación, ha dado paso a la planificación central chavista, que limita la libertad de los productores no sólo mediante los medios viejos, sino también mediante constantes amenazas de expropiación; y limita la libertad de los trabajadores mediante mecanismos como la Lista Tascón.

Las consideraciones anteriores permiten concluir que todo intento serio de reformar a nuestro país para dotarlo de un alto grado de libertad política, debe contemplar la implantación de un verdadero sistema capitalista liberal. Ese es el sistema que impera en los países desarrollados, y que ha generado no sólo libertad política, sino bienestar material y desarrollo.

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Este artículo lo publiqué originalmente en Noticiero Digital con mi seudónimo ‘Luis (Chicago)’

http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=180815