En lugar de ser mejor, es peor que el fascismo; más despiadado, bárbaro, injusto, inmoral, antidemocrático e irredento por cualquier esperanza o escrúpulo…la mejor manera de describirlo es como un superfascismo.

Max Eastman – antiguo amigo personal de Lenin, refiriéndose al estalinismo, en “La Rusia de Stalin y la crisis del Socialismo”

El socialismo ha demostrado ser, al menos en sus inicios, no el camino hacia la libertad, sino hacia la dictadura y la contra-dictadura, hacia la guerra del tipo más feroz. El socialismo construido y mantenido por medios democráticos parece pertenecer al mundo de las utopías.

WH Chamberlain – Corresponsal de prensa americano, hablando sobre las experiencias socialistas de Alemania, Italia y Rusia

El socialismo ha conducido al fascismo y al nacional-socialismo porque, en todos los aspectos esenciales, el socialismo es fascismo y nacional-socialismo.

FA Voigt – Escritor inglés
 
En el artículo “El socialismo es incompatible con la libertad” hemos visto cómo los métodos económicos propios al socialismo (la planificación central de la economía, el control estatal de los medios de producción) son incompatibles con la libertad, y por lo tanto terminan desembocando en la creación de regímenes totalitarios. En este post quisiera abordar un aspecto diferente de la incompatibilidad entre socialismo y libertad: El hecho de que, no sólo como doctrina económica, sino como ideología política, el socialismo es, en su concepción original, intrínsecamente criminal y totalitario.

Esta afirmación, que sin duda resultará escandalosa para todo aquel que se considere socialista, está respaldada por una abrumadora evidencia histórica en relación a los crímenes de los ‘socialismo reales’. Todos hemos leído o escuchado sobre los crímenes de Stalin, de Mao, de Pol Pot o de Fidel Castro. Hemos leído sobre las hambrunas, sobre la represión, sobre los extensos campos de prisioneros, sobre la negación de los derechos humanos más fundamentales. Y hemos visto las cifras de víctimas de estos regímenes, que en algunos casos se elevan a decenas de millones de muertos.

Frente a esta montaña de evidencia, los izquierdistas modernos han elegido defenderse argumentando la pureza de sus intenciones: la construcción de un mundo justo y perfecto de armonía social. Y han dicho, y continúan diciendo, que los crímenes cometidos por los gobiernos comunistas del siglo XX no son propios a la esencia del comunismo, sino que más bien resultan de una ‘desviación’ de estas intenciones, y por tanto son una ‘degeneración’ o una ‘perversión’ de las ideas socialistas originales.

Sin embargo, esta defensa queda desmontada tras un análisis imparcial y completo de la literatura socialista. En efecto, el análisis de dichos textos indica que el racismo, el genocidio y el totalitarismo son características consustanciales al pensamiento socialista original. Como lo señaló Jean-Françoise Revel en su libro “La gran mascarada”:

Es en los orígenes más auténticos del pensamiento socialista, en sus más antiguos doctrinarios, donde se encuentran las justificaciones del genocidio, de la depuración étnica y del estado totalitario, que se blanden como armas legítimas indispensables para el éxito de la revolución y la preservación de sus resultados. Cuando Stalin o Mao llevaron a cabo sus genocidios no violaron los auténticos principios del socialismo: aplicaron, por el contrario, esos principios con un escrúpulo ejemplar y con una total fidelidad tanto a la letra como al espíritu de la doctrina

El racismo y la justificación del genocidio en la génesis del socialismo

Revel cita la obra “La literatura olvidada del socialismo” del autor George Watson, en donde a través del análisis de los textos de los padres del socialismo, se llega a la conclusión, por ejemplo, de que “el genocidio es una teoría propia del socialismo”. Para ilustrar este punto, Watson cita las siguientes fuentes:

– En 1849, en un artículo de la revista Neue Rheinische Zeitung, dirigida por su amigo Karl Marx, F.Engels pidió el exterminio de los húngaros que se habían levantado contra Austria. En el mismo artículo aconsejó que también se hiciera desaparecer a los serbios y otros pueblos eslavos, a los vascos, bretones y escoceses

– En la misma revista, en un artículo titulado “Revolución y Contrarevolución en Alemania” publicado en 1853, Marx se pregunta como desembarazarse de “esos pueblos moribundos, los bohemios, carintios, dálmatas, etc.”

– Siempre en la misma revista, en 1849, Engels demuestra su racismo al negarle a los eslavos toda capacidad de acceder a la civilización: “Aparte de los polacos, los rusos y, quizá, los eslavos de Turquía, ninguna nación eslava tiene porvenir pues a los demás eslavos les faltan las bases históricas, geográficas, políticas e industriales necesarias par ala independencia”. Frente a estas afirmaciones, Revel comenta: “imaginémonos la indignación que provocaría un ‘pensador’ al que se le ocurriera formular el mismo diagnóstico sobre los africanos!”

– En el Anti-Dühring, Engels dá por sentada la superioridad racial de los blancos, como si fuese una verdad científica: “Si, por ejemplo, los axiomas matemáticos son en nuestros países perfectamente evidentes para un niño de 8 años, sin ninguna necesidad de recurrir a la experimentación, es como consecuencia de la ‘herencia acumulada’. Por el contrario, sería muy difícil enseñárselos a un bosquímano o a un negro de Australia”

– Ya en el siglo XX (en 1933), en un artículo para el periódico “The listener”, el intelectual socialista inglés Bernard Shaw defendió para el socialismo el derecho a liquidar física y masivamente a las clases sociales que obstaculizan o retrasan la revolución, e incluso urge a que “descubran un gas humanitario que cause una muerte instantánea e indolora, en suma, un gas refinado – evidentemente mortal – pero humano, desprovisto de crueldad”. Frente a este deseo ‘humanitario’ de Shaw, Revel nos recuerda que “durante su juicio en Jerusalén en 1962, el verdugo nazi Adolf Eichmann invocó como defensa el carácter ‘humanitatio’ del zyclon B con el que se gaseó a los judíos durante el Holocausto.”

Frente a esta evidencia, Revel concluye:

El nazismo y el comunismo tienen como objetivo común la metamorfosis, la redención “total” de la sociedad, es decir, de la humanidad. Por ello, se sienten con derecho a aniquilar a todos los grupos raciales o sociales que se considera que obstaculizan, aunque sea involuntaria e inconscientemente – “objetivamente” en la jerga marxista -, la sagrada empresa de la salvación colectiva.Si el nazismo y el comunismo han cometido genocidios comparables por su amplitud, por no decir por sus pretextos ideológicos, no es en absoluto debido a una determinada convergencia contranatura o coincidencia fortuita debidas a comportamientos aberrantes sinio, por el contrario, por principios idénticos, profundamente arraigados en sus respectivas convicciones y en su funcionamiento.

El fascismo y el nazismo: herederos de Marx
De esta manera, podemos concluir que existe toda una tradición asociada a personajes centrales del pensamiento socialista como Marx y Engels, que pregona los métodos criminales que después usarían Hitler, Lenin, Stalin y Mao. No sólo eso: también podemos afirmar, sin lugar a dudas, que Hitler siempre se consideró socialista. A este fin, debemos recordar que Htiler le confesó a Otto Wagener que sus desacuerdos con los comunistas son “menos ideológicos que tácticos”, y que el problema de los socialistas alemanes es “que no han leído a Marx”. No sólo fundó un partido al que llamó Nacional-Socialista, sino que, como lo señaló von Mises en su obra “Estado Omnipotente’, Hitler, una vez en el poder, implementó OCHO de los diez puntos del programa de emergencia propuesto por Marx en el Manifiesto Comunista, “con un radicalismo que hubiese encantado a Marx”. Como resultado, Hitler estaba en lo correcto cuando le contó a Hermann Rauschning (tal como lo relata Rauschning en su libro “Hitler me dijo”) que: “No soy únicamente el vencedor del marxismo…soy su realizador”, para luego proseguir:

Cita:
No voy a ocultar que he aprendido mucho del marxismo…Lo que me ha interesado e instruido de los marxistas son sus métodos. Siempre he tomado en serio lo que habían imaginado tímidamente esas mentes de tenderos y mecanógrafas. Todo el nacional-socialismo está contenido en él. Fíjese bien: las sociedades obreras de gimnasia, las células de empresa, los desfiles masivos, los folletos de propaganda redactados especialmente para ser comprendidos por las masas. Todos estos métodos nuevos de lucha política fueron prácticamente inventados por los marxistas. No he necesitado más que apropiármelos y desarrollarlos para producrarme el instrumento que necesitábamos.
No sólo Hitler era socialista: Mussolini también lo era. Como lo dice Domenico Settembrini, uno de sus biógrafos: “El Duce no se inspiraba en Franco sino en Lenin, era antiburgués, anticapitalista y revolucionario”. Mussolini comenzó su vida pública en el partido socialista italiano, y sólo luego se separó para fundar el fascismo. Sin embargo, aún después de su separación, muchos socialistas e incluso comunistas italianos continuaron reconocieron su deuda ideolgógica con Mussolini, entre ellos Gramsci, quien lo llamaba “nostro capo” (nuestro jefe). Por su parte, Mussolini comentó una vez, según indica Settembrini: “Conozco a los comunistas. Los conozco bien porque parte de ellos son mis hijos espirituales”
Las afinidades entre fascistas y comunistas no se limitan a factores ideológicos. También hay una admiración personal mutua considerable entre representantes de amgos grupos. De hecho, como lo indica Carlos Rangel en “El tercermundismo”:
 

Cita:
Las afinidades entre el fascismo y el bolchevismo fueron fácilmente admitidas por ambos grupos en los años 20, sin reservas y con admiración mutua considerable. Gorki, en una entrevista para el Corriere della Sera, ocurrida justo después de que Mussolini ganara las elecciones de 1924 (después de haber tenido poderes dictatoriales desde 1922), dijo lo siguiente: “Al observar la manera de gobernar de Mussolini (directamente, pues Gorki en aquel momento vivía en Capri) he aprendido a admirar su energía, pero me parece mejor citar la opinión de Trotski: ‘Mussolini ha logrado una revolución, él es nuestro mejor discípulo!'”. Por su parte, Lenín una vez le habló a una delegación de socialistas Italianos en visita a Moscú despues de la marcha fascista hacia Roma (1922). En esta ocasión Lenin dijo: “Que lástima haber perdido a Mussolini. Es un hombre de primera clase que hubiese llevado a nuestro partido al poder en Italia”.
Un socialista podría decir, en su descargo, que la sociedad y la economía creadas por los fascistas difieren mucho a las creadas por los bolcheviques. Frente a este argumento, Settembrini comenta, refiriéndose a Mussolini:
 
Cita:
Entendamos que era un político, alguien práctico. Para sostenerse en el poder hace todos los compromisos necesarios: con la monarquía, con el capital, con la iglesia. Pero el fascismo oficial y conservador así creado no le gusta. No quiere convertirse en Franco, sueña con ser Lenín. Dice frases como ‘Si el corporativismo es serio, es socialismo’. Se afana en constuir, en su juventud, al ‘hombre nuevo’. Y, de hecho, muchos de los jóvenes fascistas que han creído con sinceridad pasaron luego al Partido Comunista Italiano…Uno de los más coherentes, Camillo Pelizzi, reconoce en Mussolini un mérito especial: ‘Haber entendido que para cambiar el mundo se necesitan millones de muertos’. El sueño totalitario de Lenín
La inevitabilidad del pensamiento único en la sociedad marxista
Como lo señala Jean-Françoise Revel en “La Gran Mascarada”, “todos los regímenes totalitarios son dictaduras de la idea. El comunismo reposa en el marxismo-leninismo y en ‘el pensamiento de Mao’. El nacional-socialismo en el pcriterio de raza”. Esta “dictadura de la idea” o “ideocracia” alcanza todos los aspectos del pensamiento de la sociedad. Revel indica que esta ideocracia necesita, para sobrevivir:
Cita:
suprimir todo pensamiento ajeno al pensamiento oficial, nó sólo en política o en economía, sino en todos los ámbitos: la filosofía, las artes, la literatura o incluso la ciencia. Para un totalitario, la filosofía sólo puede ser, evidentemente, el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao, o la doctrina del Mein Kampf. El arte nazi sustituye al arte ‘degenerado’y, para lelamente, el ‘realismo socialista’ de los comunistas pretende cargarse al arte ‘burgués’. La apuesta más arriesgada de la ideocracia, que llega a caer en el ridículo, es la que hace sobre la ciencia, a la que niega toda autonomía.
Revel continúa comentando el bizarro caso de Lyssenko en la URSS. Lyssenko fué un ‘biólogo’ que decidió que toda la biología desde Mendel en adelante tenía la grave falla de contradecir al materialismo dialéctico y que, por tanto, tenía que ser falsa. Con el apoyo del Partido Comunista, Lyssenko fue presidente de la Academia de Ciencias de la URSS. No sólo eso, sino que introdujo reformas que resultaron verdaderamente desastrosas para la producción agraria soviética, ya disminuída después de su colectivización forsosa. En efecto, como lo señala Revel:
Cita:
La burocracia impuso en todos los koljoses la ‘agrobiología’ lissenkista, que prohibía los abonos, y utilizaba el trigo fourchu ahorquillado de los faraones, que hizo que laproducción descendiera a la mitad. Se prohibieron las hibridaciones, porque, como lo peroraba Lyssenko, era notorio que una especia se transformaba espontáneamente en otra y no había necesidad de cruzarlas. Sus locas elucubraciones dieron el tiro de gracia a una producción ya esterilizada por lo absurdo del socialismo agrario. Hicieron irreversibles esa hambre crónica…que acompañó a la Unión SOviética hasta su caída
Antisemitismo y desprecio a los derechos individuales en el pensamiento socialista
Como portador único de la verdad, y único productor cultural, el estado totalitario se convierte en un enemigo feroz del individuo. Ya en 1840, el socialista Pierre-Joseph Proudhon proclama que: “fomentar el individualismo es preparar la disolución de la sociedad”. Y al despreciar al individuo, el socialismo desprecia todo aquello que es inherente al individuo y no al colectivo. Caso en cuestión: Los derechos humanos. Por ejemplo, en 1843, en un panfleto denominado ‘La cuestión judía’ Marx escribió la siguiente invectiva contra los derechos humanos:
Cita:
Ninguno de los supuestos derechos humanos va más allá del hombre egoísta, del hombre como mienbro de la sociedad burguesa, es decir, un individuo separado de la comunidad, únicamente preocupado por su interés personal y que obedece a su capricho privado
Hitler, como buen socialista, comparte el furor anti-individualista de Marx. Le confiesa a Otto Wagener: “Ahora que ha acaboado la era del individualismo, nuestra tarea es encontrar el camino que lleva del individualismo al socialismo sin revolución”
En el mismo panfleto ‘La cuestión judía’, Marx identifica al judaísmo con el individualismo, y comenta: “Cual es el fondo profano del judaísmo? La necesidad práctica, la codicia. Cuál es el culto profano del judío? El mercadeo. Cuál es su dios? El dinero” y continúa pidiendo ver en el comunismo “la organización de la sociedad que haría desaparecer las condiciones del mercadeo y haría imposible al judío”. Similar identificación de individualismo con judaísmo es hecha por Richard Darré, ministro de Hitler, que sostiene que “la teoría política judía” siempre ha estado “orientada hacia el interés individual mientras que el socialismo de Adolf Hitler está al servicio del conjunto de la sociedad”
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Este artículo fue publicado originalmente en Noticiero Digital con mi seudónimo ‘Luis (Chicago)’
 
Buena parte del material de este artículo proviene del libro “La Gran Mascarada”, del intelectual francés Jean-François Revel, específicamente del capítulo VII “Los orígenes intelectuales y morales del socialismo”
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