“La libertad no es un medio para el logro de un fin político superior. Es en sí misma el mayor fin político”

Lord Acton

“Por definición, un liberal es alguien que cree en la libertad”

Maurice Cranston

El liberalismo es el conjunto de doctrinas políticas que sostienen que la libertad individual es el fin político más importante. Aunque las diversas doctrinas de la familia liberal llegan a diferir considerablemente, todas ellas están de acuerdo en la primacía de la libertad como fin político. Los liberales piensan que la libertad es el estado natural del hombre, y que todo aquel que desee limitar la libertad del hombre debe proveer una justificación adecuada para tal limitación.

 

Vertientes de la ideología liberal – Dos conceptos de libertad

 

Como se señala en el párrafo anterior, existen doctrinas dentro de la familia liberal que tienen entre sí profundas diferencias filosóficas. Estas diferencias suelen remontarse al concepto de libertad defendido por una u otra doctrina. En general, las doctrinas liberales se basan en una u otra de las siguientes concepciones de libertad:

  • Libertad negativa o libertad de coerción: Se entiende como libertad negativa la libertad de una persona de actuar sin coerción o interferencia externa. En palabras de Isaiah Berlin “Se dice que soy libre en la medida que ningún hombre o conjunto de hombres interfiera con mi actividad. En este sentido, la libertad política es simplemente el área en la cual puedo actuar sin obstrucción por parte de otros. Si otros evitan que yo haga lo que de otra manera haría, hasta ese grado dejo de ser libre, y si otros hombres realizan esto más allá de cierto límite, se dice que estoy bajo coerción, o incluso bajo esclavitud.”. Se conocen con el nombre de liberalismo clásico aquellas doctrinas cuyo objetivo es la maximización de la libertad negativa o libertad de coerción de todos los individuos. Típicamente el liberalismo clásico propone que las funciones del estado se limiten a evitar la coerción a los individuos por parte de otros individuos o grupos.
  • Libertad positiva: Una persona puede no estar sujeta a coerción alguna y aún así ser incapaz de lograr sus objetivos. Esto puede ocurrir, por ejemplo, si la persona no cuenta con los medios materiales, o con los conocimientos y habilidades necesarios para lograr tal objetivo. Dado que el concepto de libertad negativa no describe adecuadamente este fenómeno, el término ‘libertad positiva’ ha sido acuñado para denotar ‘la posibilidad de actuar de acuerdo a la propia voluntad’. Se conocen con el nombre de liberalismo social, liberalismo de justicia social, o liberalismo de bienestar, las doctrinas cuyo objetivo es no solamente la maximización de la libertad negativa de los individuos, sino la provisión o maximización de ciertas libertades positivas. De esta manera, el liberalismo social se preocupa de diseñar instituciones que no sólo minimicen la coerción sobre los individuos, sino que provean a los individuos cierto bienestar mínimo, por ejemplo, mediante la provisión de servicios socializados de salud y educación, así como mediante la provisión de ingresos mínimos.

 

Esta diferencia entre las concepciones de libertad conduce a importantes diferencias doctrinarias.

 

El liberalismo clásico

 

El liberalismo clásico sostiene para que una persona sea libre de coerción, la misma debe disponer de ciertos derechos inviolables. En particular, sostiene que a todo ser humano se le debe respetar su vida (no debe ser sujeto de asesinato), su libertad (no debe ser sujeto de esclavitud o coerción), y su propiedad (no debe ser sujeto de robo). Así, el liberalismo clásico está íntimamente ligado a la idea de los derechos naturales, es decir, la idea que toda persona tiene derechos (vida, libertad y propiedad) que le corresponden por el simple hecho de ser persona, y que dichos derechos no pueden ser violados sin cometer una gran injusticia. En la idea de derechos naturales está implícito el supuesto de que existe una base moral universal para asignar a cada persona dichos derechos. De esta manera, el liberalismo clásico es una doctrina universalista: supone que la maximización de la libertad y los derechos naturales son aplicables a los individuos en toda sociedad.

 

El liberalismo clásico es también una doctrina igualitaria., no porque los liberales clásicos consideren que todos los seres humanos sean iguales en sus capacidades e inclinaciones, ni que deban tener la misma riqueza, sino porque consideran que todos los seres humanos, independientemente de su origen u otras características, son poseedores de iguales derechos, simplemente por ser miembros de la humanidad. En este sentido, el liberalismo clásico rechaza la existencia de castas o clases sociales con derechos preferentes, con lo cual rechaza la esclavitud, la servidumbre y otras formas de subordinación. De la misma manera, rechaza la doctrina del derecho divino de los reyes. Por estos motivos, la aparición de las doctrinas liberales está asociada a la eliminación de los sistemas feudales y de las monarquías absolutas. Los liberales consideran que un gobierno es legítimo en la medida que es aceptado por los gobernados: la base de legitimidad de los gobiernos es el consentimiento de los gobernados, de la misma manera que la base de la sociedad es la aceptación de las normas de convivencia social por parte de los individuos, con el fin de obtener los beneficios que otorga vivir en sociedad (mayores oportunidades, mayor protección a la vida y la propiedad). Esta visión, es decir, la idea de que la base de la sociedad y del gobierno es el acuerdo voluntario de individuos libres se conoce por el nombre de liberalismo político, y es uno de los componentes clave del liberalismo clásico.

 

De acuerdo con lo anterior, para los liberales clásicos el objetivo fundamental del estado es la protección de los derechos naturales (vida, libertad, propiedad) de los individuos. El liberalismo clásico reconoce que los derechos de un individuo pueden ser amenazados por otro individuo, por un grupo de individuos, por el estado o las autoridades políticas, o incluso por la sociedad en general. Por lo tanto, busca diseñar instituciones que permitan proteger los derechos de los individuos de los ataques de otros individuos o grupos, y que al mismo tiempo minimicen las violaciones a los derechos individuales por parte del estado, de las autoridades políticas o de la sociedad en general.

 

Para proteger los derechos de los individuos de los ataques de otros individuos o grupos, el liberalismo clásico considera que la responsabilidad fundamental del estado es la administración de servicios de seguridad, tanto interna (es decir, policía, sistema judicial), como externa (defensa).

 

Para proteger los derechos individuales de ataques por parte del estado o de los gobernantes, el liberalismo clásico busca el establecimiento de un estado de derecho, es decir, de un gobierno en los que las decisiones se tomen con base a leyes y no con base a los designios arbitrarios de un gobernante: En palabras de John Locke “Donde termina la ley empieza la tiranía”. Similarmente, el liberalismo clásico suscribe la idea que el gobierno debe ser limitado, es decir, que las responsabilidades del gobierno deben ser cuidadosamente delimitadas y controladas a fin de evitar que viole los derechos de los individuos. En otras palabras, los liberales clásicos favorecen el establecimiento de limitaciones constitucionales al poder del estado. Esta opinión implica el reconocimiento de que el poder de compulsión del estado es especialmente peligroso, en el sentido que fácilmente puede ser usado para violar los derechos de los individuos. Adicionalmente, reconoce el hecho, evidente pero no por ello muchas veces ignorado, que cualquier gobernante, independientemente de su origen o comportamiento anterior, puede comportarse de manera tiránica si tiene la oportunidad para ello, pues como lo dijo Lord Acton “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. De esta manera, el liberal clásico busca crear instituciones que controlen a los gobernantes, de forma de evitar sus abusos en la medida de lo posible. También para proteger al individuo de los abusos del gobierno, los liberales clásicos favorecen el establecimiento y protección de libertades civiles: libertad de asociación, libertad de reunión, libertad de religión, libertad de expresión, derecho al debido proceso, a un juicio justo, a poseer propiedad, y a su privacidad.

 

Hoy en día es fácil de aceptar la idea de que los gobernantes pueden violar los derechos de los ciudadanos y que por tanto es necesario controlar el poder de dichos gobernantes. Más difícil de aceptar es la idea, reconocida por el liberalismo clásico, que los derechos de los individuos pueden ser violados por la sociedad en general, o más bien, por la mayoría de la sociedad. Así, un objetivo del liberalismo clásico es evitar la ‘tiranía de la mayoría’. Por ejemplo, los habitantes de una comunidad pueden decidir, con base en su opinión mayoritaria, linchar o robar los bienes de los miembros de cualquier minoría étnica, nacional, religiosa, de género o de orientación sexual. Para evitar ese tipo de abusos, el liberalismo clásico establece que “el único fin por el cual la sociedad puede interferir, de manera individual o colectiva, con la acción de cualquier individuo, es la autoprotección. En palabras de John Stuart Mill “El único propósito por el cual el poder puede ser legítimamente ejercido sobre cualquier miembro de la comunidad en contra de su voluntad es para prevenir daño a los demás. El bien, físico o moral del propio individuo no es un motivo suficiente“. En particular, la sociedad no puede interferir con las acciones de un individuo para hacer que las opiniones o el comportamiento de dicho individuo se pliegue a la opinión mayoritaria de la comunidad. Esta visión comúnmente se denomina liberalismo cultural, y sostiene que la libertad de los individuos debe cubrir la libertad de conciencia y estilo de vida, incluyendo los aspectos de libertad sexual, religiosa, cognitiva, y protección de intrusión gubernamental en la vida privada. El liberalismo cultural generalmente se opone a la prohibición o regulación por parte del estado de la literatura, del arte, de los juegos de azar, de la actividad sexual incluyendo la prostitución, del aborto, del control de la natalidad, del alcohol y de las drogas.

 

La libertad económica y la propiedad privada tienen un lugar especial en el liberalismo clásico:

  • En primer lugar, se considera que la libertad económica tiene un valor en sí misma en la medida que es, una dimensión de la libertad individual similar a la libertad civil, y que el derecho a la propiedad es inseparable de la libertad económica: No hay libertad económica sin propiedad.
  • En segundo lugar, se considera que la libertad económica promueve el bienestar material de la sociedad en general. Los liberales clásicos creen que los mercados libres dan origen a un orden espontáneo que es beneficioso para todos sus participantes. Esta creencia, comúnmente denominada ‘mano invisible’,  está asociada a la observación que toda transacción bilateralmente voluntaria e informada beneficia a las dos partes involucradas en la transacción, pues en caso contrario no se realizaría. Así, la aplicación práctica de los conceptos económicos del liberalismo clásico da origen al capitalismo.
  • En tercer lugar, se considera que la libertad económica y la propiedad, en particular la propiedad privada de los medios de producción, son un contrapeso al poder del estado, y por lo tanto una salvaguarda contra el abuso de dicho poder. Consecuentemente, los liberales clásicos piensan que la libertad económica es una condición necesaria (aunque no necesariamente suficiente) para el florecimiento de libertades políticas y civiles. En palabras de Milton Friedman: “Nunca en la historia de la humanidad ha existido una sociedad con libertad civil sin que existiese al mismo tiempo un mercado libre”

 

El liberalismo clásico se desarrolló durante la ilustración, a partir de escritos de diversos pensadores, principalmente ingleses y franceses. Si bien diversos pensadores tanto en la antigüedad como desde el renacimiento (Maquiavelo, Erasmo de Rótterdam, Spinoza) habían expuesto algunos elementos que luego formaron parte del credo liberal, es John Locke (1632-1704) quien por primera vez articula lo que puede considerarse una teoría liberal coherente y completa. En Locke se originan los conceptos de derechos naturales, la misión del estado de salvaguardar estos derechos, la justificación del gobierno por el consentimiento de los gobernados, y el derecho a la revolución.

 

Una consecuencia del foco del liberalismo clásico en la preservación de libertades negativas es la oposición a la redistribución de la riqueza y a los programas sociales, así como la oposición al intervencionismo del estado en la economía.

 

El liberalismo social

 

El liberalismo social o nuevo liberalismo (en contraposición al liberalismo clásico o viejo liberalismo)  difiere del liberalismo clásico en que considera que el papel del estado no sólo debe ser proteger las libertades negativas de los individuos, sino también proteger ciertas libertades positivas. Los social-liberales enfatizan los derechos individuales y la igualdad de oportunidades como elementos rectores de la acción estatal. En este sentido, los social liberales aceptan diversas formas de intervención estatal en la economía así como la redistribución del ingreso vía la implementación de un estado de bienestar.

 

El liberalismo social evolucionó a partir del pensamiento de los liberales clásicos. John Stuart Mill es quizá el autor que sirve de bisagra entre los dos liberalismos. Después de Mill, diversos autores como Hobhouse y Green avanzaron la agenda del liberalismo social. Ya hacia inicios del siglo XX, los social liberales ingleses dieron los pasos para la implementación de un sistema de seguridad social. Este sistema fue expandido significativamente después de la segunda guerra mundial, bajo la influencia de economistas social liberales como John Maynard Keynes. El énfasis en la intervención estatal y la redistribución de la riqueza los acerca ideológicamente a los socialdemócratas.

 

A pesar de ser primos ideológicos, los liberales clásicos y los social-liberales tienen profundas y a menudo amargas diferencias. Las ideas de Keynes fueron duramente criticadas por liberales clásicos como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, y Henry Hazlitt. Como regla general, esas críticas no fueron contestadas. Por el contrario, los social-liberales dieron por muertas las ideas del liberalismo clásico y procedieron a poner en práctica sus ideas para la construcción de ‘la gran sociedad’. Durante casi cuarenta años sus ideas fueron rigieron las economías de los más diversos países, tanto desarrollados como no. Sin embargo, durante este período, las ideas económicas del liberalismo clásico fueron mantenidas en varios centros académicos, de manera notable en la Universidad de Chicago, por economistas como Milton Friedmann. Cuando después de varias décadas de dominio absoluto de la agenda social-liberal keynesiana tanto los EEUU como el Reino Unido llegaron a situaciones de estancamiento económico, desempleo e inflación, se crearon las condiciones políticas para el retorno de las ideas económicas de los liberales clásicos: una menor intervención estatal en la economía, bajos impuestos, y eliminación de programas asociados al concepto de ‘la gran sociedad’. Así, surgió el denominado neoliberalismo, que se impuso en los Estados Unidos a través de Ronald Reagan y en el Reino Unido a través de Margaret Thatcher.

 

El debate entre los dos liberalismos continúa hasta el día de hoy, particularmente en el campo económico, donde autores ‘neo-keynesianos’ como Paul Krugman o Joseph Stliglitz frecuentemente escriben en contra de la desregulación, en particular en contra de la desregulación financiera, y a favor de la intervención estatal en la economía. Sus ideas son rebatidas por otros economistas como Kenneth Rogoff o Gerald O’Driscoll.

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