Las calificadoras de riesgo han recibido muchas críticas como resultado de esta crisis financiera. Estas críticas derivan, en buena medida, del hecho que las mismas eran consideradas garantes de la integridad del sistema financiero. El hecho de que un tranche recibiese una calificación AAA por una de estas agencias era considerado por muchos inversionistas como una garantía de que la inversión era segura. Así, muchos inversionistas conservadores, incluyendo municipalidades y fondos de pensiones de todo el mundo, compraron estos instrumentos. Los reguladores se dieron a la tarea de ‘certificar’ a las agencias capaces de calificar emisiones de títulos, y dejaron en ellas la responsabilidad de verificar los riesgos de estos instrumentos. La realidad ha demostrado que las calificadoras no eran merecedoras de esta confianza por parte del público ni por parte de los reguladores.

Un oligopolio sancionado por el estado

Desde hace varios años, diversos observadores han descrito una serie de características problemáticas de las calificadoras de riesgo. En primer lugar, constituyen un oligopolio sancionado por el estado, con un mercado cautivo: Las regulaciones vigentes establecen que un gran número de instrumentos de deuda sólo pueden ser emitidos si tienen el rating de una calificadora que cuente con la aprobación del SEC como NRSRO (Organización de Calificación Estadística Nacionalmente Reconocida). Hasta hace muy poco habían sólo tres NRSRO (Moody’s, S&P y Ficht), que siguen siendo las más grandes.

Al restringirse la competencia, las calificadoras tienen pocos incentivos para manenerse al día en términos de sofisticación y precisión.

Conflicto de intereses

En segundo lugar, las calificadoras tienen un modelo de negocios que incurre en conflicto de intereses: Las calificadoras típicamente reciben sus pagos de los emisores de los instrumentos, no de los compradores. Dado que la gran mayoría de los ingresos de las calificadoras provienen de dichos emisores, su independencia queda comprometida.

Poco valor agregado

Es importante mencionar que la percepción general del mercado es que las calificadoras no proveen información de utilidad, y que por lo tanto tienen poco valor agregado. El personal de gestión de riesgo de los bancos que son sus clientes suelen ser mucho más sofisticados y tener mejor remuneración que el personal de las calificadoras. Los ratings que publican suelen equivocarse, lo que ha llevado a varios observadores a proponer medidas alternas (como los diferenciales de crédito) para calificar el riesgo de crédito de una compañía. Literalmente existe un sólo motivo por el cual las calificadoras son usadas: Para cumplir el requerimiento regulatorio de que una NRSRO emita una opinión sobre una emisión de deuda antes de aprobar dicha emisión. En este sentido, el profesor de la escuela de leyes de la Universidad de San Diego Frank Partnoy en un artículo del año 2006

“Credit ratings continue to present an unusual paradox: rating changes are important, yet possess little informational value. Credit ratings do not help parties manage risk, yet parties increasingly rely on ratings. Credit rating agencies are not widely respected among sophisticated market participants, yet their franchise is increasingly valuable. The agencies argue that they are merely financial journalists publishing opinions, yet ratings are far more valuable than the opinions of even the most prominent and respected financial publishers.” [1]

Que hacer al respecto? Una propuesta es eliminar la designación de NRSRO, de manera que las calificadoras sigan en operación solamente si pueden ofrecer un servicio de valor. Paralelamente, se deben cambiar los reglamentos que exigen una calificación de una NRSRO antes de aprobar una emisión de deuda. Medidas alternativas, como el ‘credit spread’, es decir, el riesgo implícito que se deriva de las tasas que el mercado le está cobrando a una empresa particular, pueden ser usadas en su lugar.

Referencias:

[1] Frank Partnoy. “How and Why Credit Rating Agencies Are Not Like Other Gatekeepers”. May 2006

http://www.tcf.or.jp/data/20050928_Frank_Partnoy.pdf

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