…a menudo la ley es apenas la voluntad del tirano; este siempre es el caso cuando dicha ley viola los derechos de un individuo

Thomas Jefferson – Carta a Isaac H. Tiffany (1819)

 

La ley es cualquier cosa que yo escriba en un pedazo de papel

Saddam Hussein

 

La ley al servicio de la tiranía

Los recientes llamados de Hugo Chávez y sus adláteres a ‘regular’ la internet resaltan nuevamente uno de los aspectos más repugnantes del proceso de degradación institucional que conocemos con el nombre de chavismo: la completa perversión del carácter y los fines de la ley. Cuando el estado usa la ley para justificar expropiaciones arbitrarias, para cerrar medios de comunicación, para intimidar y perseguir a disidentes, y para ahogar la libre discusión en foros de internet, el estado hace que la ley sirva propósitos contrarios a su naturaleza de garante de los derechos de los individuos. Y al pervertirse de esta forma, la ley deja de ser el instrumento que regula las relaciones entre personas libres, y se convierte en un instrumento al servicio de la tiranía.

Esta perversión de la ley es común e incluso necesaria en regímenes que persiguen la ‘redención’ total, y por tanto el control total, de la sociedad. Para los regímenes totalitarios – y si el régimen venezolano aún no es totalitario, cada vez le falta menos para llegar a ese punto – la función de la ley es garantizar su propia supervivencia, no defender los derechos de los individuos. Pocos han expresado este objetivo con mayor claridad que Fidel Castro, quien en sus “Palabras a los intelectuales” dijo: “Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie, por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la Nación entera, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella”.

Como desean el control  total de la sociedad, el abuso que los regímenes totalitarios hacen de la ley no se limita a perseguir a algunos opositores notorios o a prohibir una que otra actividad que se considere peligrosa. Por el contrario, estos regímenes extienden el alcance de la ley hasta los aspectos más recónditos de la vida ciudadana  – de manera especial, a la discusión y propagación de ideas. Así, para los regímenes totalitarios es apenas natural controlar un medio como la internet, que dado su gran potencial de comunicación y propagación de ideas, representa para ellos un riesgo intolerable. No es casual que los regímenes que hoy en día ‘regulan’ el acceso a la internet sean regímenes autoritarios o totalitarios como Cuba, Corea del Norte o Sudán.

 

La función de los soplones

Es precisamente la gran extensión de las actividades sometidas al control estatal la que resulta en otro aspecto distintivo de los regímenes totalitarios: El establecimiento de enormes aparatos de vigilancia e intimidación a la colectividad, indispensables para hacer valer las ‘nuevas leyes’, y los cuales no se componen exclusivamente de funcionarios gubernamentales sino que incluyen a muchos simpatizantes devenidos en soplones o en fuerzas de choque. En Venezuela ya hemos vivido parcialmente esta experiencia – los ‘colectivos’ chavistas no son otra cosa que grupos de intimidación cuyo objetivo es impedir protestas públicas – pero hasta el momento no habíamos vivido la experiencia de los soplones, tal como fue vivida en la Alemania Nazi o como desde hace medio siglo se vive en la Cuba Comunista. Creo que esto se debe a que hasta el momento el gobierno venezolano no había intentado reprimir totalmente la discusión de ideas más allá de los medios de comunicación masivos. Una vez que se decide ‘regular’ la internet, la situación cambia. Es de esperar que aparezca en cada foro de internet un grupo que asuma que su función es fiscalizar a nombre del estado los mensajes emitidos por los foristas.

Por lo tanto, no debe causar extrañeza que un grupo de foristas de Noticiero Digital se hayan convertido en especie de censores ad honorem que decidan que mensajes tienen o no tienen cabida en el medio, y que incluso exijan que no sean usadas imágenes de Simón Bolívar para criticar al gobierno. Son ellos quienes, llevando todo un catálogo de imaginarios crímenes de opinión, y presionando a una moderación ya nerviosa gracias a la nada sutil amenaza del propio presidente, cumplen hoy en día el papel de los antiguos delatores de judíos de la Alemania Nazi. La historia les reservará una consideración parecida a la que tiene para quienes en el pasado han cumplido funciones similares.

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