…a menudo la ley es apenas la voluntad del tirano; este siempre es el caso cuando dicha ley viola los derechos de un individuo

Thomas Jefferson – Carta a Isaac H. Tiffany (1819)

 

La ley es cualquier cosa que yo escriba en un pedazo de papel

Saddam Hussein

 

La ley al servicio de la tiranía

Los recientes llamados de Hugo Chávez y sus adláteres a ‘regular’ la internet resaltan nuevamente uno de los aspectos más repugnantes del proceso de degradación institucional que conocemos con el nombre de chavismo: la completa perversión del carácter y los fines de la ley. Cuando el estado usa la ley para justificar expropiaciones arbitrarias, para cerrar medios de comunicación, para intimidar y perseguir a disidentes, y para ahogar la libre discusión en foros de internet, el estado hace que la ley sirva propósitos contrarios a su naturaleza de garante de los derechos de los individuos. Y al pervertirse de esta forma, la ley deja de ser el instrumento que regula las relaciones entre personas libres, y se convierte en un instrumento al servicio de la tiranía.

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Por desgracia, es mucho lo que falta para que la ley esté encuadrada dentro de su papel. Ni siquiera cuando se ha apartado de su misión, lo ha hecho solamente con fines inocuos y defendibles. Ha hecho algo aún peor: Ha procedido en forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que debía hacer reinar; a anular, entre los derechos, aquellos límites que era su misión hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido al robo, para protegerlo, en derecho y la legítima defensa en crimen, para castigarla.

 Frédéric Bastiat – La Ley

 

La reciente invasión de las tierras de los padres de la periodista Valentina Quintero y la historiadora Inés Quintero ha generado considerable discusión sobre el tema de las invasiones y su causa. Hay quien dice, de manera llana y simple, que las invasiones son apenas la obra de delincuentes, personas que gracias a su pereza (‘flojera’ en argot venezolano)  son dadas a apropiarse de lo ajeno. Desde luego, no les falta razón: En tanto que estas invasiones son actos delictivos, sus autores se convierten en delincuentes. Sin embargo, parar el análisis ahí deja sin contestar la pregunta principal: Ladrones e invasiones han existido toda la vida, pero nunca en la escala que se puede ver en la actualidad, por lo cual el auge de estos hechos no puede ser explicado por una simple apelación al carácter delictivo de sus autores.

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Suecia es un país frecuentemente usado como modelo por los defensores del Estado de Bienestar o de la socialdemocracia. Para estos defensores, Suecia es la confirmación de que es posible conjugar crecimiento económico con la completa provisión estatal de servicios sociales. Sin embargo, estos defensores parecen no saber que el modelo sueco comenzó un proceso de declive en los años 70 que culminó en una grave crisis a inicios de los 90, crisis que puso en evidencia la inviabilidad de un Estado de Bienestar ilimitado.

Los defensores del estado de bienestar tampoco parecen saber que a raíz de esa crisis, Suecia inició un ambicioso programa de reforma del Estado de Bienestar marcado por las privatizaciones y por la eliminación de los monopolios estatales en la provisión de servicios. Estas reformas no sólo han logrado revivir a la economía sueca, sino que han ofrecido a la población mayor libertad de elección y mayor calidad en los servicios que recibe.

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En un artículo anterior [1] sostuve que el capitalismo es el único sistema económico moral, en el sentido que es el único sistema que puede surgir cuando el estado se ubica en relación óptima con la moral, al dedicarse a defender los derechos de los individuos bajo un marco de igualdad ante la ley.

Este argumento es apoyado por la evidencia histórica: El capitalismo surgió en Holanda e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII como resultado de cambios institucionales que tuvieron el efecto de proteger la propiedad y la libertad. En el caso de Inglaterra, estos cambios incluyeron al llamado “Statute of Tenures” (1660), que dio punto final a la institución de la servidumbre, la cual había declinado en los siglos anteriores; el “Statute of Monopolies” (1624) que por un lado abolió los monopolios de los gremios medievales y otros monopolios otorgados por patente real, y por otro creó un sistema de protección a la propiedad intelectual; la incorporación en el “common law” de provisiones para la protección de la propiedad privada [2]; y, significativamente, el aseguramiento de los derechos individuales y la sujeción de la corona a la ley mediante el “Bill of Rights”(1689). Gracias a estos y a otros cambios, al final del siglo XVII habían sido creadas todas las precondiciones institucionales necesarias para el surgimiento del capitalismo, y como resultado, Inglaterra estaba experimentando un crecimiento económico sostenido que se extendería en el siglo XVIII con la aparición de la Revolución Industrial [3].

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Los pueblos son capaces de soportar sin rebelarse y sin murmurar grandes errores de sus gobernantes, muchas leyes injustas y molestas y todos los deslices a que está expuesta la fragilidad humana. Pero no es de admirarse que, si una larga cadena de abusos, prevaricaciones y maquinaciones, encaminadas todas al mismo fin, descubren al pueblo cuál es ese fin, y el pueblo no puede menos de ver lo que se le viene encima y a dónde se le lleva, no es de admirar, digo, que ese pueblo se levante y trate de poner el gobierno en manos que puedan asegurarle el cumplimiento de las finalidades para las que fue establecido. Porque, si esas finalidades no se cumplen, nada se gana con regímenes antiguos y formas de gobierno que parecen magníficas, sino que, por el contrario, son mucho peores que el estado natural de pura anarquía

John Locke – Segundo Tratado Sobre el Gobierno Civil (1689)

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“Lo que está bajo ataque es el sistema capitalista, y es atacado principalmente sobre bases éticas, por ser materialista, egoísta, injusto, inmoral, salvajemente competitivo, insensible, cruel, destructivo. Si realmente vale la pena preservar el sistema capitalista, es futil defenderlo sólo con argumentos técnicos (por ejemplo, por ser más productivo) a no ser que también mostremos que los ataques socialistas sobre bases éticas son falsos e infundados”

Henry Hazlitt – Los Fundamentos de la Moral

 “El liberalismo — conviene hoy recordar esto — es la suprema generosidad: es el derecho que la mayoría otorga a la minoría y es, por lo tanto, el más noble grito que ha sonado en el planeta. Proclama la decisión de convivir con el enemigo: más aún, con el enemigo débil. Era inverosímil que la especie humana hubiese llegado a una cosa tan bonita, tan paradójica, tan elegante, tan acrobática, tan antinatural. Por eso, no debe sorprender que prontamente parezca esa misma especie resuelta a abandonarla. Es un ejercicio demasiado difícil y complicado para que se consolide en la tierra.”

José Ortega y Gasset – La Rebelión de las Masas

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Uno de los argumentos más usados por los críticos de la globalización es que en las últimas décadas la pobreza mundial ha aumentado, al tiempo que los pobres se han hecho más pobres y los ricos más ricos. Estos críticos, los cuales incluyen a afamados comentaristas como Noam Chomsky [3], así como a una gran variedad de periodistas, políticos y bloggers, promueven una agenda anti-globalizadora e intervencionista, cuando no abiertamente proteccionista. Como soporte a sus tesis, estos críticos se refieren a estadísticas publicadas por agencias multilaterales como el Banco Mundial y el PNUD, las cuales muestran un incremento en el número de personas que viven en la pobreza así como un incremento en la desigualdad de ingresos a nivel global [1].

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